Cuando hablamos de transporte y energía vienen a nuestra mente diferentes aspectos muy relevantes que hacen que nos enfrentemos a una situación multifactorial. Uno de estos factores es su impacto en el medio ambiente al emitir una gran cantidad de toneladas de CO2 al ambiente por los tipos de combustibles utilizados. También hablamos del impacto económico en los usuarios o beneficiarios del transporte, ya sean individuos, instituciones o gobiernos, que requieren realizar un gasto para cubrir sus necesidades de desplazamiento o aprovisionamiento de insumos. Otro factor de gran relevancia es desde luego la movilidad y logística en lo referente a personas y bienes. Parte del éxito de una economía es brindar los elementos necesarios para movilizar bienes y servicios tanto al interior como al exterior de los países y con ello cubrir las necesidades de la sociedad cada vez más global. Todos estos factores impactan directamente nuestras vidas.

El peso que tiene el sector transporte en el perfil de consumo energético del país es contundente. Según la Secretaría de Energía en su reporte de Balance Nacional de Energía 2016, el 45% del consumo energético total es realizado por el transporte seguido por el sector industrial en un 30% y en un tercer lugar el sector residencial equivalente a un 17%.

Es evidente la importancia que tiene este rubro cuando de energía hablamos. De él se derivan grandes áreas de oportunidades por satisfacer. Cualquier esfuerzo en este rubro nos impactará positivamente como sociedad, aunque es importante reconocer que no es un sector sencillo ya que impactar positivamente este sector implica sumas de inversión muy considerables.

En términos de eficiencia energética en transporte hay una diversidad de iniciativas que se han desarrollado para impactar este rubro. Desde pequeñas iniciativas que van a modificar la cultura y hábitos de manejo hasta el desarrollo de grandes obras y proyectos que impactan la vida de millones de ciudadanos.

Es imposible desligar el transporte de la infraestructura. Esta última habilita que grandes proyectos se realicen con un enfoque sustentable: autopistas, sistemas de trenes urbanos y hasta desarrollos urbanos e industriales ecológicamente pensados.

Otro brazo que puede ayudar a trasformar el transporte para que sea eficiente son las políticas públicas que inciden en los ciudadanos para que adopten decisiones o preferencias con base en las leyes y normas que la autoridad establezca. Desde luego estas políticas públicas van de la mano de la infraestructura anteriormente mencionada para que haga factible que esa transformación se realice. De nada sirve desincentivar el uso de automóviles si no existen las condiciones para contar con un transporte ágil, seguro y cómodo, por ejemplo.

La innovación juega un papel fundamental como inductor a un transporte energéticamente eficiente. La inversión en investigación y desarrollo de tecnologías están jugando un papel vital para definir el camino que tendrán los medios de transporte en los próximos años. El papel de los vehículos eléctricos cada vez tiene mas relevancia y veremos que durante este recorrido en el tiempo habrá tecnología de transición que nos lleve hacia la implementación de un transporte sustentable. Hoy en día ya es común los vehículos híbridos o que usan combustibles mas amigables, como es el caso de buses a gas natural.

Siendo un sector de alta relevancia y gran impacto, en los próximos años nos sorprenderemos de la evolución que el transporte tendrá para convertirse en eficiente energéticamente.

 

Ing. Adalberto Padilla: El Ing. Padilla actualmente es consultor para el BID en materia de eficiencia energética y finanzas climáticas. Asimismo coordina la comisión de financiamiento de la AMENEER.

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